Tal vez sea esa tendencia que tienen los seres humanos a sentirse perdidos de vez en cuando. O tal vez, sólo sea una tendencia adolescente. O tal vez, sólo tal vez sea yo la única que se desmorona sin razón aparente.
Que pasa de un momento feliz a otro absurdamente inexplicable. Que no encuentra razones suficientes para seguir sonriendo el resto del día, y no lo hace. Puede que sólo sea yo, la que siente que no encaja con el resto del mundo, la que siente que no debería estar aquí, como si este no fuera su sitio.
Tal vez sea yo la que deba cambiar y apartarme de todo lo que me rodea.
Tal vez sea yo, la que tenga que pedir perdón a todos lo que están a mi alrededor o conmigo, por no saber corresponderles, por no estar ahí cuando me han necesitado; tal vez deba pedir perdón por no entender todo a la primera, por no saber siempre qué es lo correcto, por quedarme en silencio demasiado tiempo, por no responder a una sonrisa, por no poder reprimir una lágrima en el momento más inoportuno; tal vez sea yo la que deba pedir perdón por ser como soy, por no dominarme, y tal vez, sólo tal vez por no saber que diablos hago aquí.
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jueves, 24 de mayo de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
∞
Esto es a lo que llaman un punto y final. Siempre pasa. Y puedes luchar para realentizar el proceso pero al final pasa. La pierdes.
Siempre habéis sido tan diferentes, nunca habríais pensado la perfecta combinación que formáis juntas. Y llega el día en que pasa,
vuestras diferencias se vuelven más grandes, y todas las cosas por las que estabais unidas resultan mentira.
Y se acaba, tan repentinamente como vino. Se esfuma como el humo.
Puedes recordar y recordar los momentos en los que creías comprender el significado de la felicidad. Era un simple espejismo.
Llega el día en el que echas un vistazo atrás y todas esas diferencias siempre habían estado ahí, y nunca habían supuesto un problema.
Pero hoy por hoy te levantas, y te das cuenta de que ya ha pasado. Ahora sois como extraños.
De que ya no es lo mismo de siempre, de que la has perdido. Al final pasa. Y no va a volver.
doble o nada
Aquí llega el momento en el que decido que no, que no quiero que sigas en mi cabeza, que nublas mi mente cada vez más horas al día y he decidido que no me da la gana. Que tú eres mi pasado al igual que yo he pasado a ser el tuyo hace mucho. Que no mereces que siga noches en vela intentando convencerme a mí misma de olvidarte. Que tu nombre no significa nada. Que las lágrimas duran cada vez menos tiempo. Que mi mirada no te busca durante todo el día hasta que te encuentra. Que mi cuerpo no recibe descargas eléctricas cada vez que estás a menos de veinte metros, que ya me he acostumbrado, que no significas nada. Que has pasado a ser sólo una cicatriz más, digna de ser olvidada. Que tu nombre está vacío para mí. Que esa canción hace semanas que no la escucho, que esa fecha significa menos aún. Que has salido de mi cabeza, te has evaporado, como el agua del mar en el mes de agosto.
Que ya no te quiero.
O si.
Que ya no te quiero.
O si.
martes, 1 de mayo de 2012
Los fuertes también lloran
Ya no quiso ver más, se dio media vuelta y dando largas zancadas llegó hasta donde estaba aparcada su moto, le quitó el candado, la arrancó y se fue.
Siempre le habían dicho que los hombres fuertes no lloran, pero fue inevitable no hacerlo. El viento le cortó la cara por la gran velocidad que llevaba. Había dejado atrás recuerdos que no quería que volvieran, le vino una última imagen a la mente, la desechó y aceleró más. Todo lo que había querido, todo lo que había conseguido, todo lo que había construido, todo su mundo se acababa de derrumbar. Si hubiera llegado treinta segundos después a casa, todo seguiría como estaba. Pero habría sido estúpido quedarse allí de pie, observando y más tarde pedir una explicación. Sabía lo que había visto. Y no quería volver a verlo nunca más. Jamás confiaré en nadie de ahora en adelante, se juró a sí mismo.
Volvieron a brotar las lágrimas. No. No. Para. Para ahora mismo.
Se enjugó las lágrimas con la mano derecha, quitándola un momento del manillar.
Milésimas de segundo le habrían salvado la vida. Haberse despertado un poco más tarde, demorarse más en desayunar, haberse quedado más tiempo en la pastelería para comprar sus galletas preferidas, haber atendido la llamada de teléfono de su madre que saltó en el contestador. Milésimas de segundo.
Ahora las lágrimas habían parado, ya no volverían, ni ellas ni nadie.
Un cuerpo inerte yacía frío en la carretera, al lado de una motocicleta magullada, las lágrimas ya no serían un problema. Nadie le había dicho, que los fuertes también lloran.
Siempre le habían dicho que los hombres fuertes no lloran, pero fue inevitable no hacerlo. El viento le cortó la cara por la gran velocidad que llevaba. Había dejado atrás recuerdos que no quería que volvieran, le vino una última imagen a la mente, la desechó y aceleró más. Todo lo que había querido, todo lo que había conseguido, todo lo que había construido, todo su mundo se acababa de derrumbar. Si hubiera llegado treinta segundos después a casa, todo seguiría como estaba. Pero habría sido estúpido quedarse allí de pie, observando y más tarde pedir una explicación. Sabía lo que había visto. Y no quería volver a verlo nunca más. Jamás confiaré en nadie de ahora en adelante, se juró a sí mismo.
Volvieron a brotar las lágrimas. No. No. Para. Para ahora mismo.
Se enjugó las lágrimas con la mano derecha, quitándola un momento del manillar.
Milésimas de segundo le habrían salvado la vida. Haberse despertado un poco más tarde, demorarse más en desayunar, haberse quedado más tiempo en la pastelería para comprar sus galletas preferidas, haber atendido la llamada de teléfono de su madre que saltó en el contestador. Milésimas de segundo.
Ahora las lágrimas habían parado, ya no volverían, ni ellas ni nadie.
Un cuerpo inerte yacía frío en la carretera, al lado de una motocicleta magullada, las lágrimas ya no serían un problema. Nadie le había dicho, que los fuertes también lloran.
viernes, 27 de abril de 2012
Aunque no lo puedas decir, me quieres a veces
Chica, qué decirte que no te haya dicho ya. Que disfrutes, que vivas, que no mires atrás, el semáforo está en verde, no esperes a nada ni a nadie, cruza.
Llénate de aire los pulmones y cada rincón de tu cuerpo, lo sientes? vive.
No hace falta que luches por tus sueños, simplemente coge uno y hazlo realidad.
No llores, y cuando sientas que desfallezcas, cierra los ojos bajo la lluvia y puede que desaparezcas.
A veces todo se confunde, uno quiere decir paz, y sale guerra. Pero al final todo surge, y no hace falta ni esperar. Simplemente vive, aquí nadie te espera, no dependas de nadie, sé tú, traza tu propio camino, gira la esquina cuando quieras ir recto, quédate atrás y ríete de los que van por delante, sonríe cuando te apetezca y sobre todo, no vivas cada segundo como si fuera el último, sino como el primero.
Llénate de aire los pulmones y cada rincón de tu cuerpo, lo sientes? vive.
No hace falta que luches por tus sueños, simplemente coge uno y hazlo realidad.
No llores, y cuando sientas que desfallezcas, cierra los ojos bajo la lluvia y puede que desaparezcas.
A veces todo se confunde, uno quiere decir paz, y sale guerra. Pero al final todo surge, y no hace falta ni esperar. Simplemente vive, aquí nadie te espera, no dependas de nadie, sé tú, traza tu propio camino, gira la esquina cuando quieras ir recto, quédate atrás y ríete de los que van por delante, sonríe cuando te apetezca y sobre todo, no vivas cada segundo como si fuera el último, sino como el primero.
miércoles, 18 de abril de 2012
tras el efecto de una mala acción, llega una mala consecuencia
De repente se sintió solo, allí, en una esquina.
Estaba rodeado de gente pero sentía que no había nadie. Sabía que a la hora de la verdad todos ellos se evaporarían como el humo, explotarían como pompas de jabón, como si nunca hubieran existido.
Ella tenía razón y ahora estaba seguro de ello, aunque aún no se había dado por vencido.
De la nada, apareció ese sentimiento, ese que le decía que el único sitio en el mundo en el que no se iba a sentir solo era en el que estuviera ella. Y así era. Pero una vez más el orgullo venció y se quedó exactamente donde estaba. Vació todo lo que sentía por dentro, bebió el último trago de su copa y se aproximó a llenársela de nuevo. Cerró los ojos y todos sus sentimientos de culpa se fueron desvaneciendo a la vez que espiraba profundamente, los abrió y fue caminando hacia todo el barullo lleno de humo y de gente bebida, dándose pisotones intentando bailar. Se metió con la copa en alto y ya no volvió a salir. Aunque sólo a ella le importaba que lo hiciera.
sábado, 7 de abril de 2012
∞
Era invierno, hacía frío.
Estaban muy pegados el uno al otro, una sola figura. Ella reposaba su cabeza sobre el pecho de él, lloraba en silencio.
Él cogió sus delicadas manos y las frotó en un desesperado intento de proporcionarles calor.
Dejó de intentarlo. Era inútil.
Sus labios ya empezaban a cobrar un color azulado, hacía rato que ya no sentían sus piernas y mover los dedos era una tarea imposible.
Pero a ella no le importaba, no lloraba por el futuro cercano que les aguardaba. Lloraba porque era feliz. Levantó la cabeza del frío y aún así cómodo pecho y fue a buscar sus labios.
Le dio uno beso, luego otro y otro más. No se atrevía a mirarle a los ojos, pero sabía que era su última oportunidad para hacerlo. Fue recorriendo cada detalle de su cara con la vista, sus labios, duros por el frío pero cálidos para ella, su nariz, perfecta, como siempre había sido, sus mejillas un tanto rosadas y aquel lunar debajo del ojo derecho que le hacía tan irresistible. Llegó a los ojos.
No se sabe cuanto tiempo estuvieron así, quietos, diciéndose tantas cosas sin hablar, enamorándose aún más de la otra persona por cada segundo que pasaba.
Nadie les encontró, nadie fue a buscarlos.
Pero aún así, acabaron felices, el uno contra el otro, abrazados a todo lo habían luchado por conseguir y nunca habían tenido. Y dicen, que en el último momento, él contuvo el aliento y su última voluntad, fue decir te quiero.
Estaban muy pegados el uno al otro, una sola figura. Ella reposaba su cabeza sobre el pecho de él, lloraba en silencio.
Él cogió sus delicadas manos y las frotó en un desesperado intento de proporcionarles calor.
Dejó de intentarlo. Era inútil.
Sus labios ya empezaban a cobrar un color azulado, hacía rato que ya no sentían sus piernas y mover los dedos era una tarea imposible.
Pero a ella no le importaba, no lloraba por el futuro cercano que les aguardaba. Lloraba porque era feliz. Levantó la cabeza del frío y aún así cómodo pecho y fue a buscar sus labios.
Le dio uno beso, luego otro y otro más. No se atrevía a mirarle a los ojos, pero sabía que era su última oportunidad para hacerlo. Fue recorriendo cada detalle de su cara con la vista, sus labios, duros por el frío pero cálidos para ella, su nariz, perfecta, como siempre había sido, sus mejillas un tanto rosadas y aquel lunar debajo del ojo derecho que le hacía tan irresistible. Llegó a los ojos.No se sabe cuanto tiempo estuvieron así, quietos, diciéndose tantas cosas sin hablar, enamorándose aún más de la otra persona por cada segundo que pasaba.
Nadie les encontró, nadie fue a buscarlos.
Pero aún así, acabaron felices, el uno contra el otro, abrazados a todo lo habían luchado por conseguir y nunca habían tenido. Y dicen, que en el último momento, él contuvo el aliento y su última voluntad, fue decir te quiero.
sábado, 25 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
miércoles, 28 de diciembre de 2011
No dejo huella, quiero irme con ella
Es complicado hablar sobre las amistades, o simplemente sobre las personas que pasan por tu vida en esta época de la vida. Muchas no se valoran, otras se dan demasiada importancia.
Se prometen muchas cosas y pocas se cumplen, nos queremos comer el mundo pero no sabemos cómo. Nos sentimos frustrados, descubrimos sentimientos ocultos y nos da vergüenza sacarlos al exterior. Pocas personas comparten nuestro mismo punto de vista, nos sentimos perdidos, nuestro único refugio es la música. Porque hay veces que ni nuestro mejor amigo nos entiende y puede que no siempre esté de acuerdo con nosotros, pero ella es lo más parecido que tendré a un alma gemela.
Puede que no llegue a estar con ella para siempre, pero sería un reto interesante tener que soportar todas sus tonterías hasta el fin de nuestros días.
Ella me ayuda a descubrir lo que siento realemente por otras personas, me aconseja, me hace reír como no había reído nunca y me abraza tan fuerta que me cuesta respirar.
Realmente espero que perduremos, porque quiero devolverle con mi compañía todo lo que ella significa y está haciendo por mí.
te quiero.
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